La hidroterapia en la historia: el poder curativo del agua

El poder curativo del agua ha sido apreciado desde mucho antes de que pudiese existir el término “hidroterapia”. Existen evidencias (pinturas rupestres) de que el hombre primitivo depositó gran confianza en el agua, para tratar sus dolores y heridas.

Respondiendo a su sabiduría natural, el hombre intuyó que el agua ejerce un poder sanador para su salud física y mental. Esta confianza se ha arraigado y reforzado en las diversas culturas a lo largo del tiempo; casi todas las grandes civilizaciones de la antigüedad ponían en práctica la hidroterapia:

La India asegura que su cultura no se ha degenerado tras miles de años, gracias al contacto cercano que han mantenido con la naturaleza, al conservar las costumbres de los Vedas, el yoga, y prácticas de hidroterapia bastante similares a las que se aplican hoy día en Occidente. Asimismo, la filosofía hindú conduce la vida hacia la energía vital denominada prana, abundante en el aire y en el agua, y la fusión de estos elementos, es decir, en el agua en movimiento.

Los sacerdotes en el antiguo Egipto consideraban seriamente las terapias con agua, así como los persas concebían el baño como una acción sagrada, entre sus aportes higiénicos y terapéuticos. Los griegos trataban numerosas enfermedades con agua, y se purificaban con ésta antes de realizar ofrendas religiosas; incluso Hipócrates, 25 siglos atrás, prescribió las más variadas curas con baños fríos realizados en movimiento, vapores, compresas calientes húmedas, cataplasmas de barro y duchas.

Al mirar un poco en el pasado, parece evidente que el uso del agua tuvo una etapa mística, siendo motivo de adoración y de culto en: Egipto, Persia, India, China, Japón, Germania, Escandinavia, Gran Bretaña, entre otros. En algunos textos de tradición antigua se afirma que el agua fue el primer elemento porque el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.

Haciendo honor al poder curativo del agua, en Macedonia tenían la tradición de someter a las mujeres a un baño de agua fría después del parto, con la finalidad de detener el sangrado. Del mismo modo, el emperador César Augusto fue sanado de una gran dolencia gracias a los baños de agua fría, seguido de fricciones vigorosas, a manos de un esclavo que luego ganaría fama de terapeuta. Por este motivo, el emperador dispuso que Roma contara con instalaciones de balneoterapia para que sus ciudadanos gozaran de la salud preventiva.

En la América precolombina también se hallan evidencias de su creencia en el poder curativo del agua. Empleaban el recurso natural no sólo como elemento mágico, sino también para sanar. Realizaban baños de vapor, situando al paciente dentro de una construcción de piedra con determinada forma y orientación, donde se colocaban más piedras calientes con un cocimiento de hierbas que variaban según la afección que presentara la persona. A esto le llamaban en Temazcall.

Los Inca también tenían inclinación por los baños termales. Realizaban tratamientos de vapor con diferentes sales minerales, sumados a las plantas medicinales que crecían cerca, para un completo tratamiento hidroterapéutico que aún son fuente de investigación.

Aunque el tiempo ha pasado, el mundo ha cambiado, y las costumbres se han ajustado a las necesidades actuales del hombre, las prácticas de hidroterapia se mantienen. El poder curativo del agua se ha ido apreciando y especializando exponencialmente a través del tiempo, con la finalidad de preservar la salud de un modo natural.

Los beneficios del agua, en el mayor circuito termal de Tenerife

En Aqua Club Termal contamos con el mayor circuito termal de Tenerife, donde procuramos los tratamientos de hidroterapia necesarios para cada afección. Aplicamos el poder curativo del agua a través de:

  • Relajación:

La piscina de chorros (34ºC), los jacuzzis relax de agua de mar (38ºC), y el flotarium (36ºC), cumplen la función de relajar totalmente el organismo mediante la dilatación de los vasos sanguíneos del sistema periférico. Recomendamos permanecer en cada piscina, periodos de 10 a 15 minutos con ducha fría o inmersión en la piscina de tonificación (10ºC) tras cada periodo.

  • Limpieza:

Para purificar el cuerpo interiormente se utilizan la terma y el baño turco, donde el cuerpo elimina toxinas gracias a la vasodilatación y a la sudoración. Recomendamos permanecer periodos de 10 a 15 minutos con ducha fría o inmersión en la piscina de tonificación cada 5 minutos. El proceso finaliza mediante la ducha escocesa y la ducha de aceites esenciales.

  • Tonificación:

La piscina de tonificación, la ducha fría, el rocío mineral, la ducha escocesa y la ducha de aceites esenciales son responsables de la tonificación general del cuerpo. Los contrastes bitérmicos de agua caliente/fría (o sólo fría) provocan la combinación de vasoconstricción/vaso dilatación tanto del sistema arterial interno como del periférico. Así se equilibra el sistema circulatorio y se tonifican los músculos. Además, los choques de agua fría previenen la sensación de mareo que se puede producir después de los tratamientos de calor.

 

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